miércoles, 4 de agosto de 2010

España campeona del mundo

Ha pasado casi un mes desde el gran día, y las circunstancias no me han permitido escribir nada... aunque también he de confesar que no me ha venido ninguna inspiración ni lo vi necesario. Pero aquí estoy de nuevo, y en verdad no se qué decir.
Hemos vuelto a lo de cada dos años (por suerte las dos últimas ocasiones con final feliz): balcones, ventanas, azoteas, bares, coches, autobuses, taxis... todos ataviados con banderas, banderolas y banderitas de España. Da igual dónde mirases, siempre había una. Es más, aún después de un mes casi de la gran final, seguimos viéndolas. Ahora, ¿hasta cuando? ¿Cuál será el momento concreto en que seguir teniéndola colgada a la vista de todos pase a ser algo mal visto, o raro? Yo llevo la pulsera esa que regalaban con As con los colores de España, que pone la fecha, el lugar y el marcador final del partido, ¿pero debería quitármela en algún momento?
Recuerdo el día tan especial del partido. En mitad de unas colonias, con unos 130 niños, más 33 monitores, más el director, más el personal de cocina y compras, todos sentados en semicirculo mirando la proyección en una tela blanca, todos con algún detalle de nuestra selección (los niños y niñas se habían llevado en la maleta banderas, camisetas y banderitas esperando poder sacarlas ese día). Recuerdo que desde el primer día se me acercaban niños y me preguntaban: "Maestro, ¿tú de qué equipo eres?" Y yo les decía: "Ahora da igual de qué equipo seamos, todos estamos con España." Recuerdo que empecé viendo el partido entre la gente, entre los niños, gritando cada jugada y cada patada de los holandeses; conteniendo las palabrotas porque estábamos entre niños y no era muy educativo. Pero conforme pasaban los minutos y el gol no llegaba los nervios me podían, la impaciencia. Ya no me salían las ganas de gritar y cagarme en la p... madre del arbitro. Sólo pensaba en mi silencio interno que se acercaba el final, y que había que ganar, porque una oportunidad como esa pocas podríamos tener. Durante toda la prórroga me aparté del tumulto y me refugié a solas en unas escaleras desde donde veía perfectamente el partido pero nadie me podía molestar; con la cabeza entre las manos y no queriendo pensar en la posibilidad de que no nos llevásemos el partido. Por dos ocasiones Robben estuvo apunto de conseguirlo, y el corazón se me contuvo durante unos segundos hasta que el grandiosísimo Iker Casillas el Magno, se hizo precisamente eso, Magno, grande, inmenso, frente a su portería; la portería sostenida por 48 millones de españoles.
Y recuerdo el gran momento del partido. Recuerdo que Brígida y Carlos habían decidido hacerme compañía. Recuerdo estar hablando con ellos con la voz entrecortada de los nervios, y seguir la jugada con la mirada, hasta que Cesc consigue ver a Iniesta entre la defensa y le pone un balón perfecto para encarar solo la portería. Justo desde el momento del pase ya lo estaba viendo, eso tiene que ser Gol; tanto que dejé a medias la conversión y bajé los seis o siete escalones que me separaban del suelo como una exhalación y corrí hacia la multitud mirando la pantalla, para ver como el balón entraba en la portería cuando yo estaba tan solo a unos pasos de la gran masa que repentinamente saltaban, y gritaban GOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOL!!!!, daban vueltas, volaban camisetas y hondeaban en el aire y yo me tomé allí un par de segundos gritando al cielo y dando gracias por aquel momento, que creo que no pudo ser mejor, por la gente, la situación, las sensaciones acumuladas. Y recuerdo que comencé a abrazarme a gente mientras gritábamos. Si me preguntasen no sabría responder con quien me abracé, tan ensimismado estaba en las sensaciones que me recorrían por dentro. Sólo sé que me abrazaba con gente que podría pensar muy diferente a mí, que podría ser de otro equipo, ser más progresista o ser más conservador, da igual, en ese momento nos unía una misma ilusión, un mismo sueño. Recuerdo que me inundaron unas ganas enormes de llorar de felicidad, pero me contuve (cosas mías que aquí no tienen ningún sentido contar), pero creo que no había tenido ese momento de felicidad tan repentino y explosivo en mucho tiempo. Recuerdo de hecho que luego me abracé a Conchi y rebosando de felicidad le decía: "Qué primarios somos, qué absurdos. Por algo tan simple como un partido de fútbol que ni siquiera jugamos nosotros y he estado a punto de llorar a pesar de que no recuerdo la última vez que lo hice." Pero precísamente eso lo hace especial, que algo tan sencillo y tan sinsentido, una a tanta gente y uno acabe contagiándose de un sentimiento y una ilusión común. Y recuerdo como al final del partido todos nos juntamos en el patio para cantar y bailar el Waka-waka y el Wawing flag del jodío Bisbal ("que viene y que va, que viene y que va" para quien no sepa a qué canción me refiero), para terminar con un final apoteósico. Y recuerdo a niños y niñas de todas las edades, desde los 9 años, llorando de felicidad porque POR FIN habíamos ganado un mundial... POR FIN... con solo 9 AÑOS. Qué grande es todo esto.
Todo esos recuerdos vienen a mi cabeza cada vez que miro mi pulsera, cada vez que escucho las dos canciones mencionadas anteriormente. Y no digo que se pueda vivir de ese recuerdo eternamente, las cosas se diluyen con el tiempo... todo se diluye con el tiempo. Por eso sigo sin entender que siempre se saque el mismo tema por las mismas fechas. Están bien las banderas españolas según qué ocasión, pero una vez se sale de ahí ya es raro, o solo la llevan gente que se nota de qué calaña son... da que pensar.
¿Cómo se explica eso a un niño de 9 años? que no tiene casi ni puñetera idea de la puñetera historia de España, que por mucho tiempo que pase parece que no se va a diluir en la puta vida. Sigo sin entender que la gente pueda besar y llorar sobre una bandera, y luego escupa sobre la misma o sobra la gente que la lleva. ¿Se ha parado a pensar por qué lo hace, o simplemente está siguiendo un patrón que ha visto, o sigue unas normas sociales que ha oído, haciéndole pensar que es lo correcto, o mejor dicho lo normal?
Cavilaciones mías... pero no le hagan caso, no hagan caso de alguien que sigue llevando una pulserita con los colores de España.

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