miércoles, 5 de septiembre de 2012

¿Cuándo perdimos el sentido?

Hay una cosa de todo este asunto de la crisis que no entiendo muy bien. Y creo que principalmente viene de mi enorme ignorancia en temas de economía actuales, y seguro que más de uno me dirá: “¡venga chaval!, que las cosas no son así, que no te enteras”. Por ello pido humildemente que si algún economista leyera esto, me ilumine, a ser posible en castellano coloquial, vamos, para que lo entienda. En primer lugar todo el tema este de la subida de impuestos. Entiendo que si subes los de los alimentos obtienes un beneficio, porque comer tenemos que seguir comiendo. La gran mayoría tendrá que apretarse el cinturón (para lo cual tendrán que ir haciendo agujeritos nuevos conforme avance el estado de delgadez), pero aun así, que se nos va a ir más dinero con la compra está claro. Pero por ejemplo con el tema de subir el impuesto en cosas como el cine, la música etc., ¿qué esperan?

 Dentro de mi parte empática que entiende que la gente no es tonta, me digo que si los mandatarios de nuestro país han tomado esa decisión es porque habrán estudiado, y bien estudiado, los beneficios y los buenos resultados que estas medidas producirán en las arcas del Estado. Porque yo lo que veo es que, si ya estaban en decaída total el cine y el consumo de discos de música, provocado principalmente por la piratería, las subidas de este tipo, ¿no agravarán el problema? Yo que ya tengo que pensarme seriamente si me merece la pena gastarme los 6 o 7 euros que cuesta el cine aquí en Granada y sólo elijo películas muy bien meditadas, aunque eso no me ahorre algún disgusto que otro, ahora sí que tengo claro que voy a ir a por las que me aseguren un espectáculo visual inolvidable. Y además, yo soy fiel seguidor de eso de “compartir es vivir” e internet esa filosofía la lleva muy bien. Esto qué quiere decir, pues que si ya le están haciendo un flaco favor a la industria del cine en general, ni hablemos del cine español, ¿no? Total, para ver un par de tetas, prefiero verlas tranquilamente en casa.

Pero bueno, en realidad este es un tema transversal. Lo que a mí no me deja estar tranquilo es la siguiente pregunta: ¿cómo repercuten económicamente para el país todas estas medidas? Está claro porque se dice por activa y por pasiva que así el Estado crecerá y no se arruinará, pero ¿a dónde va ese dinero?, ¿eso cómo se ve?, ¿cómo se refleja? Por lo visto ahora es más importante no tener las arcas vacías que tener las calles llenas de muertos de hambre. El pueblo se está exprimiendo y entregando su dinero por el bien del país, por lo tanto el bien del país ya no es el bien del pueblo. Ahora lo que se valora es solo el dinero por el dinero, simplemente tenerlo, aunque no se dedique a lo único que debería tener sentido, las personas. Ahora se valora más la riqueza de las ciudades, los edificios, las calles; pero por lo visto da igual que estas estén llenas de gente sin hogar. No sé, tal vez me he perdido en algún momento de este camino, pero no entiendo la paradoja de querer un país rico a base de la pobreza de sus habitantes.

Y todo esto no es aplicable ni mucho menos solo al gobierno actual, ni solo a España. Porque las sociedades de hoy en día casi todas se basan en estas premisas. Lo mismo es cierto que la culpa es del capitalismo, ¿quién sabe? Está claro que en algún momento de nuestra historia universal perdimos el sentido de todo esto. Supongo que fue cuando dejamos de mirar a las caras de aquellos que nos rodeaban, aquellos que más nos necesitan; para quedarnos embobados mirando las caras impresas en esos papelitos de colores que llenan la caja fuerte de nuestro querido país.

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